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Cuáles son los sectores a los que apuesta el campo para mejorar la rentabilidad

Los especialistas advierten que la verdadera diferencia ya no está sólo en los rindes; los factores que se volvieron determinantes para sostener la rentabilidad en el campo

Belén Ehuletche

Fuente: El Cronista, actualizado el 18 de Junio de 2026

En esta noticia

  • La ganadería toma la delantera
  • Soja y girasol ganan espacio
  • El maíz resiste con buenos rindes
  • Trigo: clima ideal, pero dudas por la tecnología aplicada
  • El nuevo diferencial: las finanzas
  • Nuevos ganadores, más exigencias

Aunque el campo argentino se encamina hacia otra campaña de altos volúmenes y promete un ingreso de u$s 36.000 millones, los cambios en las reglas de la economía exigen nuevas estrategias; en un escenario internacional con precios a la baja aparecen ganadores y perdedores.

Con valores de los granos más ajustados, costos todavía elevados y un sistema financiero más exigente, el sector atraviesa una reconfiguración.

En ese escenario, la ganadería aparece como el negocio mejor posicionado, mientras que soja girasol ganan atractivo frente a cultivos más demandantes de insumos, como el maíz y el trigo.

“El ganador número uno es el que tiene un campo mixto donde puede producir maíz y convertirlo en carne”, resumió Fernando Bazán, analista del sector agropecuario.

Según explicó, la integración entre agricultura y ganadería permite capturar valor agregado dentro del propio establecimiento, reducir costos logísticos y comerciales y mejorar los márgenes en un contexto donde la rentabilidad agrícola está cada vez más ajustada.

La ganadería toma la delantera

Desde ADBlick coinciden con ese diagnóstico. Francisco de Zabaleta, líder de Ganadería de la compañía, sostiene que el mercado atraviesa un momento de firmeza pocas veces visto en los últimos años.

“Se observan precios de hacienda históricamente altos, sostenidos por una oferta de terneros que viene cayendo desde hace varios años y una demanda de exportación que sigue firme”, explicó.

A esto se suma un contexto favorable para la suplementación gracias a los costos relativamente competitivos de las pasturas y del maíz, lo que permite terminar animales con mejores pesos y calidad.

Sin embargo, advirtió que los buenos resultados ya no están garantizados simplemente por participar del negocio.

“El margen depende de cómo se gestiona la eficiencia en cada etapa del ciclo y de la capacidad de leer en qué momento conviene entrar con cada categoría de hacienda”, señaló.

Soja y girasol ganan espacio

En agricultura, la soja vuelve a posicionarse entre los cultivos más atractivos.

Según Dante Romano, profesor e investigador del Centro de Agronegocios y Alimentos de la Universidad Austral, la cosecha está prácticamente finalizada y los rindes resultaron mejores a los esperados.

La producción podría cerrar entre uno y dos millones de toneladas por encima de las estimaciones iniciales, consolidando una muy buena campaña para el principal complejo exportador argentino.

Ese buen desempeño productivo se combina con una mejora relativa en la ecuación económica del cultivo.

Bazán considera que una eventual reducción de las retenciones podría impulsar una nueva etapa de «sojización», especialmente en los campos alquilados, que representan cerca del 70% de la superficie sembrada del país.

Sin embargo, desde ADBlick creen que el fenómeno no se limitará únicamente a la oleaginosa. “Las rotaciones se están reconfigurando, pero no sólo hacia la soja. También hacia el girasol”, dijo Esteban Romero, gerente de Producción de ADBlick Granos.

La razón es económica. Los aceites mantienen una buena valorización y tanto soja como girasol requieren menores niveles de fertilización que las gramíneas.

“La relación insumo-producto de trigo y maíz es hoy desfavorable y eso va a impactar sobre el área sembrada”, agregó.

El maíz resiste con buenos rindes

Paradójicamente, el cultivo que enfrenta mayores desafíos económicos muestra un desempeño productivo destacado.

Romano destacó que el maíz tardío presenta muy buenas perspectivas en gran parte del país, aunque la cosecha avanza lentamente debido a los elevados niveles de humedad del grano.

Las lluvias recientes y la posibilidad de un año asociado al fenómeno de “El Niño” podrían extender la recolección incluso hasta septiembre.

Las mejores condiciones se observan en el norte de Córdoba, Santiago del Estero, Tucumán y Salta, mientras que el oeste bonaerense también muestra rindes muy favorables.

La excepción es el sudeste de Buenos Aires, donde la falta de precipitaciones durante momentos críticos del verano afectó el potencial productivo.

Aun así, el balance general del cultivo sigue siendo positivo. “No hay dudas de que será una muy buena campaña”, resumió Romano.

Sin embargo, desde el punto de vista económico, el maíz enfrenta una competencia creciente frente a cultivos con menores costos de implantación y menor presión tributaria.

Trigo: clima ideal, pero dudas por la tecnología aplicada

La campaña fina comenzó con un escenario climático casi perfecto. Las lluvias acumuladas durante los últimos meses permitieron arrancar la siembra de trigo con perfiles de humedad excelentes y un ritmo de implantación récord, reflejan los analistas.

No obstante, la ecuación económica vuelve a aparecer como condicionante.

Cuando los productores tomaron las decisiones de siembra, los fertilizantes mostraban valores elevados, lo que llevó a muchos a reducir la inversión tecnológica.

Aunque posteriormente la urea retrocedió, también cayó el precio del cereal.

Según Romano, esto podría limitar parte del potencial productivo, aunque las recientes mejoras climáticas y el alivio en algunos costos podrían evitar una caída significativa del área sembrada.

Con rindes normales y un eventual escenario Niño durante la primavera, la producción podría ubicarse en torno a los 20 millones de toneladas.

El nuevo diferencial: las finanzas

Más allá de los cultivos, los especialistas coinciden en que el principal cambio del negocio agropecuario está ocurriendo fuera del campo.

Bazán, productor agropecuario de Córdoba, sostiene que el área financiera pasó a ocupar un lugar central dentro de las empresas.

La desaparición de las tasas reales negativas, el endurecimiento del crédito y la necesidad de administrar cada punto de rentabilidad hacen que hoy una buena estrategia financiera pueda marcar la diferencia entre ganar o perder dinero.

La preocupación no es menor. Mientras la Argentina se encamina hacia una nueva cosecha de gran volumen y una importante generación de divisas, los balances empresariales podrían no reflejar el mismo resultado.

Para Bazán, el principal problema que enfrenta hoy el productor no es la producción, sino la falta de flujo de fondos.

Según explica, buena parte del sector está sosteniendo su operatoria mediante líneas de financiamiento de corto plazo tomadas durante exposiciones como Expoagro y Agroactiva.

“Hoy lo que más sufre el productor es el bajo flujo de fondos. Se está paliando con créditos de corto plazo para capital de trabajo y pago de alquileres”, alertó.

El analista aclaró que todavía no existe un proceso generalizado de descapitalización, pero adviertió sobre una tendencia preocupante.

“No llegás a una descapitalización, pero vas camino a eso, porque vivís para pagar crédito”, resumió.

Desde ADBlick muestran una visión algo más optimista y consideran que, salvo eventos climáticos adversos, no debería registrarse una campaña generalizada de pérdidas. Sin embargo, coinciden en que el productor deberá afinar cada decisión de inversión, financiamiento y comercialización.

Nuevos ganadores, más exigencias

De las distintas miradas, surge que la ganadería integrada aparece hoy como el negocio más sólido del agro argentino.

También ganan protagonismo los productores que diversifican cultivos y regiones, aquellos que encuentran oportunidades en soja y girasol y quienes logran combinar eficiencia productiva con una gestión financiera profesional.

Pese al alivio fiscal que el sector le reconoce al gobierno de Javier Milei, aseguran que otros aspectos se han vuelto más “exigentes” y demandan mayor esfuerzo al productor.

Por eso, en sintonía, los analistas señalan que la diferencia entre ganar y perder se define cada vez más en la administración de los costos, el flujo de caja y el acceso al financiamiento.

En consecuencia, los problemas de liquidez ya se reflejan en las decisiones de compra de los productores. Según explicó Bazan, en campañas anteriores a esta altura del año ya estaba adquirida la mayor parte de la urea y de otros insumos como herbicidas, insecticidas y semillas.

Hoy, en cambio, predomina una compra mucho más escalonada. “Con suerte, está adquirido entre el 30% y el 35% de la urea”, señaló.

En paralelo, indicó que “la presencia de crédito puede mitigar el problema en el corto y mediano plazo, pero la sábana sigue siendo corta”.

El nuevo escenario macroeconómico restringió el acceso a pesos y volvió más exigente el crédito para quienes no tienen una carpeta financiera sólida, señaló.

¿Hay un desplazamiento del capital desde las finanzas hacia la economía real?

Por José Demicheli Fundador y CEO de ADBlick Agro

Durante años, en Argentina fue más rentable aprovechar distorsiones financieras que invertir en producción. Hoy esa lógica empieza a cambiar.

La estabilización macroeconómica y la apertura comercial están configurando un nuevo escenario de negocios, donde la competitividad vuelve a ocupar un lugar central. Y frente a este cambio emerge una pregunta clave: ¿estamos asistiendo a un desplazamiento del capital desde las finanzas hacia la economía real?

Todo indica que sí.

Los primeros signos muestran el agotamiento de un ciclo basado en el carry trade y en rentabilidades sostenidas por brechas cambiarias y desequilibrios económicos. En esta nueva etapa, los activos productivos vuelven a ganar protagonismo porque generan valor genuino, flujo de fondos sostenible y capacidad de crecimiento de largo plazo.

En ese escenario, la agroindustria argentina vuelve a posicionarse como uno de los pocos sectores capaces de combinar escala, competitividad exportadora y generación real de valor.

Pero este cambio de paradigma también exige una transformación profunda en la manera de producir. La competitividad ya no depende solamente de producir más, sino de producir mejor. El diferencial ya no está en vender commodities, sino en hacerlo con eficiencia, tecnología, escala y gestión profesional.

En agricultura, la rentabilidad depende cada vez más de la optimización de procesos, la integración tecnológica y la capacidad de administrar la volatilidad en un mercado global que premia productividad y eficiencia. 

La ganadería representa otro ejemplo claro de esta oportunidad. El mundo enfrenta una demanda creciente de proteínas frente a una oferta global limitada, y Argentina reúne condiciones excepcionales para responder a ese escenario: recursos naturales, capacidad exportadora y experiencia productiva.

Sin embargo, la gran discusión ya no pasa solamente por ordenar la macroeconomía. El verdadero desafío será transformar esa estabilidad en proyectos competitivos capaces de atraer capital de largo plazo.

Y ahí aparece una limitación estructural que Argentina todavía no resolvió: la falta de vehículos de inversión profesionalizados y proyectos “investment ready”.

Actualmente, de los USD 30.000 millones que el agro invierte cada año, apenas cerca del 10% cuenta con financiamiento bancario. El sector todavía opera, en gran medida, bajo estructuras tradicionales. Existe un riesgo concreto: que cuando el capital internacional decida avanzar con fuerza sobre Argentina, el país no tenga suficientes proyectos preparados para absorber esa demanda.

La oportunidad existe, pero todavía requiere profesionalización, escala y capacidad de ejecución.

Desde nuestra experiencia integrando capital y talento en proyectos agroindustriales durante casi dos décadas, vemos este proceso con optimismo. El contexto internacional ofrece oportunidades concretas y las señales políticas acompañan. El desafío será construir modelos de negocio sólidos, eficientes y preparados para competir en un escenario global cada vez más exigente.

La Argentina tiene una oportunidad histórica para consolidar un modelo basado en la producción, la innovación y las exportaciones. El desafío ya no es únicamente estabilizar la economía. Es demostrar que el país puede transformar esa estabilidad en inversión real, competitividad y desarrollo sostenido.

¿Es caro invertir en ganadería hoy?

Por Francisco de Zabaleta – líder de ADBlick Ganaderia

La pregunta que se hace todo el que pone plata en ganadería hoy es siempre la misma: ¿no estamos comprando en el pico?

Es una pregunta razonable. Un ternero de invernada supera los cuatro dólares por kilo. En términos reales, los precios están un 44% por encima del promedio de los últimos veinte años. Los números son, objetivamente, altos.

Pero la pregunta tiene una trampa. Asume que el precio de entrada es el factor más importante. En un sistema de producción bien gestionado, no lo es.

No hay una sola puerta de entrada

Cuando muchos piensan en ganadería, imaginan un solo modelo: comprar vacas, esperar que paran, vender los terneros. Pero eso es solo uno de los caminos posibles.

Un operador que trabaja con capitalizaciones y hotelería —es decir, que pone hacienda en campos de terceros o recibe hacienda ajena para engordar— tiene una ventaja que el criador tradicional no tiene: puede elegir dónde entrar en la cadena según cómo están los precios relativos en ese momento.

¿Conviene comprar terneros livianos y transformarlos a pasto durante la recría? ¿O es mejor entrar con novillitos más pesados y terminarlos a corral? ¿El diferencial de precio entre categorías justifica el tiempo y el costo de producción de cada etapa?

Esas preguntas no tienen una respuesta fija. Tienen una respuesta de hoy, que puede ser distinta a la de la semana que viene.

Lo que dicen las relaciones

La clave no está en el precio absoluto de ninguna categoría. Está en la relación entre categorías: cuántos kilos de novillo gordo necesito para comprar un ternero de 180/200 kilos, o cuánto me cuesta producir un kilo de ganancia a pasto versus a corral.

Cuando esa relación se mueve, cambia todo el tablero.

Si el ternero sube más rápido que el novillito, entrar liviano y recriar a pasto se vuelve más caro pero también más rentable si la ganancia de peso es buena. Si el novillito ya está caro respecto del gordo, el margen del feedlot se achica y conviene buscar otro momento o reducir el ciclo.

Un operador que sigue estas relaciones en tiempo real no apuesta a que los precios suban: trabaja con lo que hay, ajustando el punto de entrada y la duración del ciclo según la foto de cada momento.

El contexto de hoy: ganar kilos es la prioridad

El escenario actual tiene una particularidad estructural que vale entender. Según datos del Senasa la oferta de terneros en Argentina viene cayendo: de casi 15,3 millones de cabezas destetadas en 2022, se pasó a alrededor de 14,5 millones en 2024 y 2025. Nos encontramos en un período de retención de stock de vientres, y ese número no se recupera rápido — una vaca necesita entre 18 y 24 meses para parir su primer ternero.

Menos terneros disponibles con demanda de faena sostenida significa que los precios de reposición van a seguir firmes. Eso encarece la entrada, pero también sostiene el valor de lo que producís.

Y acá aparece una variable que hoy tiene un peso especial: la eficiencia productiva en cada etapa del ciclo.

En un sistema a pasto con capitalización, una buena recría apunta a ganancias de entre 500 y 700 gramos diarios. Bajo hotelería en corral, con una alimentación bien manejada, ese número ronda o supera los 1.200 gramos por día. Son dos lógicas distintas, con costos distintos y mercados de destino distintos.

El punto de encuentro entre ambas es este: hoy el costo de los insumos para suplementación y terminación a corral está en niveles competitivos. El maíz, los suplementos proteicos, las pasturas: la relación entre lo que cuesta producir un kilo de ganancia y lo que vale ese kilo al momento de vender está alineada de una manera que no siempre se da.

Eso abre una oportunidad concreta. La demanda global de carne vacuna viene en alza, y los mercados de exportación —especialmente los que pagan diferencial por calidad— buscan animales pesados y bien terminados. Un novillo de 500 kilos vale sustancialmente más por kilo que uno de 400 en el mercado externo. La diferencia no está solo en el precio por categoría: está en el peso total de la res y en el acceso a mercados premium como la cuota Hilton, 481 o los destinos de Estados Unidos y asiáticos que hoy traccionan con fuerza.

Aprovechar este contexto — precio de suplementación razonable, demanda exportadora activa, animales con potencial de engorde — es lo que separa al operador que maximiza el ciclo del que lo completa.

Alianzas que multiplican el resultado

Este contexto abre también una oportunidad que va más allá de la eficiencia individual: la de construir alianzas productivas que integren toda la cadena y generen valor agregado para cada parte.

Generar acuerdos con criadores que producen el ternero, recriadores que generan el crecimiento oseo-muscular y con feedloteros que tienen la infraestructura de terminación no es solo una estrategia de abastecimiento. Es una forma de optimizar cada etapa del ciclo dentro de un mismo esquema, donde cada actor hace lo que mejor sabe hacer y el resultado del conjunto supera ampliamente lo que cualquiera podría lograr por separado. El criador gana un destino seguro y predecible para su producción, el recriador acompaña eficientemente el proceso siguiente y el feedlotero mejora la calidad y el costo de su reposición. El operador que articula el proceso captura el valor de la integración.

A eso se suma una dimensión que la ganadería argentina todavía está aprendiendo a aprovechar: la incorporación de capital de ciudadanos y empresas que no operan en el campo pero que buscan invertir en activos reales, con respaldo productivo concreto y gestión profesional. Esta combinación —conocimiento del negocio ganadero, alianzas en la cadena primaria y capital externo bien apalancado— es la que está demostrando resultados más sólidos y sostenibles en el tiempo.

La ganadería siempre fue un negocio de largo plazo. Las alianzas bien construidas lo hacen también un negocio de mayor escala, menor riesgo y mejor retorno para todos los que participan.

La pregunta correcta

¿Entramos caro? Sí, en términos históricos absolutos.

Pero esa no es la pregunta que hay que hacerse. La pregunta es: ¿la relación de precios entre la categoría que compramos y la que vendemos justifica el ciclo de producción que podemos hacer?

Si la respuesta es sí hoy, se entra hoy. Si no, se espera o se cambia el punto de entrada. No hay una única puerta: hay un tablero de relaciones que cambia, y la habilidad está en leerlo.

En ganadería, el que gana plata no es necesariamente el que entró barato. Es el que entró en el momento y la categoría correcta, produjo con eficiencia, y vendió donde el mercado pagaba mejor. Y cada vez más, lo hace en red.

Un cambio que no viene en ninguna “app”: el agro se digitalizó, pero la diferencia la siguen haciendo las personas

La digitalización dejó de ser una promesa y abre una “nueva carrera” en el agro, en la que ya no basta con acceder a la tecnología y la diferencia la hace quien sabe implementarla. Los nuevos roles, procesos y decisiones que abre esta nueva era en el sector productivo.

Más que herramientas aisladas, las tecnologías digitales -y en especial la inteligencia artificial- son el nuevo tablero donde se juegan los negocios. No es un nuevo asistente virtual, ni una nueva forma de registro, ni una “app”, es todo eso al mismo tiempo, porque es una forma de hacer las cosas.

La digitalización del agro en Argentina es un proceso que avanzó con fuerza durante la última década y dejó de ser una promesa para convertirse en un modo de trabajo. Pero tiene una particularidad: su éxito no depende tanto de la tecnología en sí como de las personas que la implementan.

En una nueva edición del Día del Inversor organizado por ADBlick, empresa que desarrolla y gestiona proyectos de inversión en el agro argentino, especialistas del sector hicieron un repaso por el costado político y económico de la transformación digital, una descripción del “nuevo mapa de poder” que se configura en las organizaciones y compartieron casos específicos de una multinacional y una startup.

El desafío no es tenerla

“Como líderes de empresas del agro tenemos que pensarnos dentro de esta transformación digital, y ver cómo hacer el trabajo más eficiente y más efectivo, que es lo que está pidiendo el mundo”, expresó José Demicheli, CEO de ADBlick.

Con una oferta creciente de herramientas digitales disponibles para el sector, el desafío ya no pasa únicamente por acceder a ellas sino por saber seleccionarlas e implementarlas. Y en cada empresa, sobre todo en el agro, eso adquiere pinceladas propias, revaloriza el rol de los líderes y establece “nuevos protagonistas”.

En ese sentido, Kevin Canova, co-fundador y CTO de Bold, una startup dedicada a impulsar la inclusión financiera de las pymes, enfatizó en ese rol “marco” que tiene hoy la tecnología.

“Tenemos que pensar a la inteligencia artificial más allá de la superficie, más que una simple herramienta. Es la nueva infraestructura sobre la que hacemos negocios, pero para eso tenemos que animarnos a reimaginar lo posible”, evaluó el emprendedor.

Es tecnología, pero además economía y política

La lectura de esta nueva infraestructura digital es inseparable del contexto en el que se inscribe. Y, particularmente en el agro argentino, su adopción tiene un estrecho vínculo con las decisiones político-económicas.

“Veníamos muy rezagados en el desarrollo de tecnologías hasta el 2016, cuando bajaron las retenciones. De golpe, en 2 años se crearon más de 60 startups para digitalizar el agro, en su gran mayoría fundadas por personas vinculadas al sector y fondeadas por productores”, explicó, por su parte, Ivan Ordóñez, economista especializado en agronegocios y director del Posgrado en AgTechs de UCEMA.

La quita de derechos de exportación, o la implementación de regímenes de incentivo a las inversiones -como el RIGI o el RIMI- le dan previsibilidad a los agronegocios para perseguir una mayor productividad. Y en este escenario inaugurado hace ya una década, aseguró el economista, la productividad es sinónimo de digitalización de la agricultura.

“La digitalización de la agricultura permite un perfeccionamiento en el uso de los insumos y el capital”, afirmó el especialista, que considera que ello es “crítico” en esta particular coyuntura económica, donde se conjuga un “plan de estabilización con apreciación cambiaria y con inflación en dólares”.

Se trata, entonces, de usar la tecnología con doble rol: defensivo -para proteger las inversiones- pero a la vez ofensivo, es decir, para dar saltos de productividad, ganar competitividad en el mercado y, sobre todo, generar retornos inmediatos.

Los “nuevos protagonistas”

La digitalización de la agricultura tiene también un efecto concreto sobre la estructura empresarial, ya que trastoca las jerarquías y establece un nuevo “mapa de poder”, donde el personal agtech es protagonista.

“Es como la figura de los emprendedores corporativos o ´entrepreneurs´, que tienen que ir muchas veces a contracorriente, evangelizando para que las compañías cambien. Es el que tiene que romper para transformar”, evaluó José Demicheli.

Desde la experiencia propia, la ingeniera agrónoma y doctora en biotecnología Josefina Demicheli explicó qué ejes aborda esa tarea, que ella misma lleva adelante como líder de Sustentabilidad y Transformación Digital en ADBlick Granos.

“No se trata de una tecnología en particular, sino de cambiar la manera en que trabajamos. El área de transformación digital atraviesa a todos los demás pilares y procesos que hacen a una empresa, y nuestro rol es lograr que cada área sea eficiente”, explicó la especialista, que reconoce ciertas “etapas” que son comunes a todas las empresas, sin importar su escala o modelo de negocios.

La clave está en las primeras instancias del proceso: el diagnóstico y la selección del problema prioritario. “Hay que entender el problema antes que la herramienta”, señaló Josefina, que asegura que por eso el rol del personal agtech es fundamental: será el que asegure que la solución diseñada tenga éxito.

Pero ello no implica trabajar en solitario. “Cuando la implementación la pensamos juntos, la adopción es el paso lógico que sigue”, explicó la especialista, respecto a la importancia del acompañamiento de cada área tanto en las etapas de planificación como de la puesta en marcha de las herramientas.

El caso Syngenta

Si el desafío es identificar problemas antes que herramientas, para las grandes compañías del agro la cuestión se dirime en encontrar el punto exacto donde la digitalización puede generar valor.

Desde Syngenta, Virginia Passaniti -Digital Solutions Manager de Latam- explicó que esa búsqueda derivó en Cropwise, la plataforma de agricultura digital de la multinacional que integra diversas herramientas para acompañar el trabajo en el lote. En su mayoría, vinculadas al monitoreo, la planificación y trazabilidad.

Pero, más allá de la herramienta, que incluso incorpora su propio motor de inteligencia artificial, Passaniti coincidió en que el rol central sigue siendo el de las personas, pues detrás de la digitalización sigue estando el productor y el agrónomo.

“Más allá de cómo avance la tecnología, nuestra propuesta de valor sigue siendo el acompañamiento a campo. Eso no se negocia. Nuestro trabajo es identificar qué es lo que más le ´duele´ a ese productor, qué necesita y cómo podemos ayudarlo”, aseguró.

Datos sobre datos

Desde la mirada emprendedora, Kevin Canova se detuvo en el caso de Bold, la startup que cofundó en 2019 para “democratizar el acceso a financiamiento” en el agro.

“Buscábamos conocer al productor sin preguntarle nada. Y en esa búsqueda descubrimos que hay datos por todos lados, pero lo que se necesita es condensarlos”, recordó. Eso fue lo que derivó en la creación de su propio sistema operativo que, entre muchas de sus funciones, permite gestionar líneas de crédito.

Es uno de los casos concretos en que se piensa a la digitalización como “infraestructura” más que como una herramienta. “Las nuevas tecnologías nos permiten crear datos sobre los datos. Bold es audaz, porque no trabaja con un problema, sino con un deseo de la industria”, aseguró el emprendedor.

Los mismos desafíos

A modo de cierre, José Demicheli también reparó en la importancia del trabajo humano detrás de la digitalización, un aspecto que en la compañía que fundó y hoy dirige también se expresa con claridad.

“ADBlick es una empresa de desarrollo de negocios en el agro que trabaja con más de 1500 inversores y 3 fondos de oferta pública, pero el desafío más importante sigue siendo trabajar en equipo, tanto internamente como entre los clústers”, concluyó.

Acerca de ADBlick  

Fundada en 2007, ADBlick es una compañía líder en el desarrollo y la operación de agronegocios en Argentina. A través de una estructura profesional orientada a la integración de capital y talento, impulsa negocios de gran escala en Granos, Ganadería y Olivos. Actualmente,  cuenta con tres fondos comunes de inversión cerrados y una red de más de 1.500 inversores. Su modelo de gestión combina eficiencia productiva y visión estratégica para generar valor sostenible en el largo plazo.

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Del trading a economía real: crece el interés por inversiones productivas 

En un contexto de cambio en las estrategias financieras, crece el interés por activos productivos. Referentes del mercado destacan a la producción agropecuaria como un sector clave por su capacidad de generar retornos sostenidos y aprovechar las ventajas competitivas del país. La idea de que inició un “cambio sostenible en Argentina” siembra expectativas entre inversores.

Una nueva edición del Día del Inversor organizada por ADBlick —compañía dedicada al desarrollo y gestión de proyectos de inversión en el agro—  reunió a importantes figuras vinculadas a las finanzas y el mercado de capitales bajo la pregunta: “¿Se abre una tendencia desde los negocios financieros hacia los de economía real?”.

Desde “real estate” hasta el apoyo a emprendimientos y empresas con mucho potencial, el cambio en la orientación de las inversiones en el país impulsa la búsqueda de iniciativas con impacto concreto en la producción de bienes y servicios. El desafío es encontrar los sectores de “punta” y las oportunidades concretas que se concentran en el agro, donde se expresan las ventajas comparativas más claras.

En esta Argentina que se abre al mundo, la competitividad es obligatoria y parecen terminarse determinados negocios financieros o de carry trade”, evaluó el CEO y fundador de ADBlick, José Demicheli, quien moderó el encuentro del que participaron Juan Politi, vicepresidente de Allaria y presidente de Argenpymes SGR, Renato Falbo, presidente de Falbo Group y socio de ADBlick Granos, Lorenzo Preve, profesor de la Universidad de San Andrés y managing partner de Upside Risks, Mariano Mayer, fundador de Newtopia y Carlos Spina, socio en Argencons y presidente de la Asociación de Empresarios de la Vivienda (AEV) 

Invertir en producción real

Así como sucede en el caso de los activos financieros convencionales, la búsqueda de retornos dentro de la producción es también muy diversa. Convencido de que una rama no reemplaza a la otra, el especialista Lorenzo Preve aseguró que “hay que tener un ojo en cada una” y valoró la tendencia observable entre los grandes fondos de inversión y el capital privado de apostar por la economía real.

En ese sentido, Preve explicó que “la elección del sector es muy importante, porque hay algunos con ventajas comparativas muy claras”, y afirmó que “el agro argentino es un muy buen ejemplo de ello”. Por eso no puede ser soslayado en carteras diversificadas, ya que, incluso en momentos difíciles, genera algún tipo de retorno.

Al respecto, Renato Falbo, socio de ADBlick Granos, aseguró que “aunque invertir a cielo abierto tiene riesgos, elegir el agro es siempre muy bueno, porque brinda muchas posibilidades”. Sobre todo en épocas como la actual, donde el principio rector es la búsqueda de eficiencia.

Del trading al agro

Uno de los casos destacados de esta creciente tendencia es el de Allaria, una firma originalmente dedicada al “trading” -es decir, la compra y venta activa de activos financieros- pero que hace ya algunos años reorientó su cartera hacia la economía real. 

“Hace tiempo que vimos que liderar sólo el mercado financiero era poco y que Argentina tiene una buena oportunidad ante el mundo, porque tiene una amplia producción alimenticia y  energética”, explicó el vicepresidente del grupo, Juan Politi.

Así fue como en 2019, crearon el primer fondo común de renta variable (“equity”) en el mercado de capitales específicamente junto a ADBlick y un año más tarde, oficializaron su desembarco en la economía real con Allaria Agro y la incursión de activos en real estate.

Politi sembró expectativas respecto al escenario actual, en el que considera se está llevando adelante “una reconversión de Argentina” de la mano de políticas de Estado. Eso abre la oportunidad para carteras de inversión que, de acuerdo con Politi, “deben trabajar con socios que sepan cómo moverse cuando el mercado cambia y buscar la rentabilidad a largo plazo, incluso con mayor protección que activos financieros”. 

Las nuevas oportunidades de inversión

El panorama es también alentador para los fondos de capital de riesgo (o “venture capital”) que invierten en emprendimientos y proyectos tecnológicos de alto potencial. Es el objetivo que persigue Newtopia, una firma que reúne a importantes empresarios, figuras del deporte y ahorristas privados en pos de apoyar iniciativas que tengan un impacto concreto en la economía real.

“Nosotros invertimos en las etapas tempranas de los proyectos, cuando son un grupo de amigos, con una idea y un powerpoint. Son propuestas innovadoras y de alto crecimiento que necesitan de apoyo económico, por lo que la inversión es riesgosa, pero tiene un premio muy importante”, explicó el fundador de la firma, Mariano Mayer.

Por su parte, Renato Falbo destacó la importancia que también revisten los “fondos de búsqueda” (o “search funds”) en economía real. A diferencia de los de “venture capital” -que trabajan con proyectos emergentes- lo que hacen en su caso es invertir en PyMEs ya instaladas que necesitan de financiamiento para escalar.

Los “search funds” también operan dentro del universo del “private equity”, es decir, la inversión en empresas que no cotizan en bolsa, pero en su caso “buscan” -de allí su nombre- en firmas ya instaladas en distintas ramas de la industria, sobre todo en consumo masivo y energía. Suelen ir en búsqueda de inversiones menos volátiles y adquirir la participación mayoritaria de empresas que aún muestran potencial de mejora.

“Invertir en la economía real es muy interesante y permite realmente hacer una diferencia. Genera un efecto multiplicador de riqueza, felicidad y satisfacción, y eso es más lejano en la economía financiera”, evaluó Preve respecto a estas iniciativas.

 “Real estate”, una rama aún con potencial

La inversión inmobiliaria también está entre las posibilidades concretas que ofrece la economía real. Sobre todo en lo que refiere al real estate, donde se aglutinan proyectos de desarrollo a gran escala, en muchos casos destinados a revalorizar zonas urbanas.

Aunque la construcción ha enfrentado un panorama poco favorable durante los últimos años, pues el costo se duplicó en dólares y se retrajo la obra pública, Carlos Spina socio de Argencons, señaló que se observan realidades distintas de forma intrasectorial y que, en el caso específico del real estate de alto valor, aún hay mucha demanda insatisfecha y que  la posibilidad de crecimiento, en el mediano / largo plazo dependerá de la orientación que tenga el crédito.

El agro, pieza clave de carteras diversas

Desde el sector financiero observan con buenos ojos el panorama actual, en el que consideran que en Argentina se están gestando políticas de largo plazo y, como expresó Politi, “un cambio sostenible en el tiempo”.

En ese sentido, Demicheli ponderó la importancia de incluir al agro en la diversificación de carteras de inversión, junto a otros activos de finanzas o real estate, y celebró la confianza que rige en torno a la economía real y productiva.

“Desde ADBlick somos súper optimistas y tenemos la flexibilidad y el profesionalismo que requiere una compañía argentina. Buscamos ayudar al inversor a que se diversifique, con  Fondos de Inversión de granos, ganadería y también en producción olivícola y que sepa que vamos a administrar bien su capital. Al final del camino eso significa dormir tranquilo”, concluyó el CEO de la firma.

Acerca de ADBlick  

Fundada en 2007, ADBlick es una compañía líder en el desarrollo y la operación de agronegocios en Argentina. A través de una estructura profesional orientada a la integración de capital y talento, impulsa negocios de gran escala en Granos, Ganadería y Olivos. Actualmente,  cuenta con tres fondos comunes de inversión cerrados y una red de más de 1.500 inversores. Su modelo de gestión combina eficiencia productiva y visión estratégica para generar valor sostenible en el largo plazo.

Para más información:  www.adblickagro.com