¡Que lleguen las lluvias también para los cultivos!

No hay dudas que el actual contexto económico, la apertura que pregona el nuevo gobierno, la mayor previsibilidad y las reglas de juego claras, hacen que las empresas estén mucho más animadas a invertir que en el pasado. Pero todavía se necesitan mayor institucionalidad y especialmente rentabilidad para que quienes dirigen dichas compañías, no sólo tengan un mayor apetito por invertir, sino para que finalmente terminen tomando la decisión y firmando el cheque.

Hoy se ha generado shock de confianza en la Agroindustria que sin dudas está funcionando como un motor que dinamiza a varios otros sectores, pese a que la asfixia tributaria que sufrimos los Argentinos es confiscatoria. En “Impuestolandia”, sólo algunos sectores como la Agroindustria y la Construcción están traccionando el tibio crecimiento que tuvimos el año pasado. Sin dudas que la lluvia de inversiones aún no ha llegado al país, sino más bien fue una leve garúa pero todo sirve cuando las temperaturas son tan altas.

El Gobierno ha soltado el tipo de cambio en enero y trataría de que no se le escape en febrero más allá de $20. El Equipo económico sugiere dejar correr la inflación y la devaluación para activar la economía. Hoy, el campo tiene un dólar subiendo, baja de retenciones y una coyuntura de precios alcista. Tal vez, este año el campo vuelva a salvar a Macri, pero se necesitan lluvias también para los cultivos, no sólo en materia de inversiones.

La Argentina tiene el clúster productivo oleaginoso más competitivo del mundo, más competitivo que Brasil e incluso que EE.UU. El desafío es lograr maximizar el potencial que tenemos como sector. Este es el principal desafío para generar empleo e inversión y lograr capitalizar esas oportunidades comparativas que tenemos como país.

Con precios a la suba, la soja va rumbo a los U$S 300 la tonelada, el maíz superó los U$S 160 la tonelada y el trigo en U$S 180 las toneladas muestran un escenario mucho mejor que el observado unos años atrás. Así, todos los productores están haciendo sus previsiones y definiendo sus próximos movimientos. La seca indudablemente implica escasez de mercadería, y cuando hay escasez, inevitablemente los precios suben. Mientras el dólar a nivel mundial se devalúa y en la medida que el clima siga seco todos los precios agrícolas tenderán a subir. Por otro lado, la suba del petróleo a nivel internacional arrastró al etanol, y el etanol arrastra al maíz, una suma de eventos que puede hacer que los precios suban y no hay que demorarse en aprovecharlos.

Es momento de tomar decisiones de corto, mediano y largo plazo, teniendo en cuenta la seca por un lado y que la población mundial seguirá en aumento, que hay un consumo sostenido de proteínas y que los términos de intercambio llegaron para quedarse por el otro. La agricultura ha ajustado su margen teniendo el agricultor que acceder a escala para ser muy eficiente en costos, transformarse en un verdadero empresario y manager para cuidar cada variable, en un país tan complejo como Impuestolandia.

Pese a estas cuestiones, somos optimistas. Con un contexto político favorable, con condiciones agroecológicas privilegiadas, y con demanda futura asegurada, el Agro argentino es el principal sector para dinamizar la economía. Tenemos una excelente perspectiva por delante para lograr capitalizar esas ventajas comparativas que gozamos como país. Ojalá podamos hacerlo para lograr la competitividad que exige el mercado hoy.

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