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Nueva medida que favorece la transparencia de la cadena ganadera

La mesa de las carnes, comprendida entre otros miembros por dos integrantes de nuestro comité asesor (Board). Establecieron que  a partir del 1 de marzo comenzará a regir un nuevo sistema, con el objetivo de combatir la informalidad en el comercio de las carnes e incentivar a todos los que se esfuerzan en acompañar el proceso de transparencia y equidad.

 

Esta medida se basa en la aplicación de controladores electrónicos de faena (CEF), también llamado “Cajas Negras”, las cuales, son un sistema de balanzas y cámaras de video sincronizadas que permiten capturar datos e imágenes en el palco de faena de todos los frigoríficos y mataderos del país, para transmitirlos encriptados en tiempo real al centro de monitoreo de la Dirección de Control Comercial Agropecuaria.


Por lo que todo establecimiento que al 28 de Febrero no haya adquirido el equipo, sin excepciones, para todos los establecimientos de faena, sin distinción, ni exclusión por tamaño, categoría o localización. No podrá faenar ganado bovino.

 

Por Franco Cartagenova 

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Los Secretos Genéticos de la Agrícultura que Viene

Desde la segunda mitad del Siglo XX hasta los días de la actualidad, hemos sido testigos de una serie de hechos que cambiaron nuestro mundo. Dentro de estas cuestiones, emerge un tema que preocupa y puede verse sumamente claro. Toma fuerza día a día y es algo ya difícil de controlar: La población mundial crece día a día, sobre todo en los países en vías de desarrollo; esto es algo que parece no tener freno…

Lógicamente, una mayor población implica más necesidades básicas que satisfacer: Comida, agua, refugio y espacio. En las charlas de café, muchas veces nos planteamos este gran desafío para la humanidad: ¿Cómo administraremos los recursos escasos de la manera más eficiente posible para satisfacer tales necesidades mencionadas?

Ahora bien, hoy nos vamos a centrar en la primera de éstas. Sin dudas, el aumento de la población implica una mayor demanda de alimentos. ¿Es viable hoy en día aumentar la superficie cultivable por desmonte y otras prácticas, alterando así múltiples ecosistemas en equilibrio? La respuesta a priori es totalmente negativa. Todo pareciera indicar que el puente hacia el crecimiento está marcado por el aumento de la productividad por hectárea sembrada. Para lograrlo, uno de los aliados clave es el mejoramiento genético vegetal.

Esta semana, se realizó el lanzamiento de la nueva marca de semillas de una de las empresas líderes del sector agroindustrial. La novedad, corresponde a la incorporación de nuevas tecnologías en esta gama de semillas, lo cual en definitiva nos lleva a lograr mayores rendimientos en la producción de grano, mayor índice de cosecha y como consecuencia, un aumento en la productividad por hectárea sembrada.

A través de dichas tecnologías, no solamente podremos apuntar a un uso más eficiente de los insumos sino que también el productor puede mejorar su competitividad desde el  punto de vista de los costos. Al mismo tiempo, siguiendo la modalidad del manejo integrado de adversidades, si se respetan las aplicaciones de acuerdo a las recomendaciones de los respectivos productos, se podrá apuntar a lograr la consolidación de un agroecosistema en equilibrio, cuestión sumamente importante en cuanto a la conservación de la biodiversidad, entre otras cuestiones.

El mundo en cierto modo nos regala una oportunidad a nosotros los argentinos. Como se mencionó, la población mundial está creciendo de manera exponencial y con ella, la demanda de alimentos. Argentina tiene una ventaja: Cuenta con la mayor cantidad de recursos naturales per cápita y condiciones agro-ecológicas realmente privilegiadas para la producción de alimentos.

Si utilizamos a la genética como aliada y como productores asumimos la responsabilidad y el compromiso que nos corresponde, podremos cuidar tales recursos para acoplarnos a la demanda mundial de alimentos de manera sustentable. De todos nosotros depende capitalizar los continuos avances logrados en materia de mejoramiento genético vegetal, justamente para exprimir a fondo nuestras ventajas competitivas y nuestro “know-how” en producción, continuando así nuestro camino hacia el crecimiento.

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La inversión para mejorar la productividad y capitalizar oportunidades

El sector Agroindustrial vuelve a retomar la senda del crecimiento, la obra pública se está reactivando, las inversiones en infraestructura y construcción pican en punta, ha vuelto el crédito hipotecario y cada vez más familias tienen la oportunidad de comprar su casa propia. Es un camino largo, hay que ir reconstruyendo y reordenando todo, pero en muchos rubros se está creciendo. En esta línea, son varios los sectores que respaldaron los cambios de las metas de inflación que anunció el gobierno porque se acercan más a la realidad y permitirán seguir mejorando las condiciones económicas.

Los fines de año generalmente resultan muy complejos desde lo político, lo económico y por ende también desde lo social. Hace muchos años que Argentina no se planteaba cambios tan de fondo y profundos. Muchos de ellos pueden ser dolorosos e indudablemente implican costos políticos para el gobierno, pero el objetivo conclusivo es crecer de manera constante y sostenida con una mirada de largo plazo, evitando así los serruchos cortoplacistas con épocas de progreso seguidas de fuertes caídas.

Hoy como país tenemos muchas oportunidades de desarrollo, hay muchas inversiones que ya se están haciendo y muchos compromisos de inversión ya firmados. Tal vez esto no se ve en lo inmediato de forma tangible, pero son cosas que se están haciendo. Sin inversión no hay proceso de desarrollo económico que sea sostenible en el tiempo, con lo cual hay que generar todavía mayor previsibilidad y estabilidad, mayor institucionalidad y seguridad jurídica para que los privados apuesten con más convicción y mirada de largo plazo. En este sentido, posiblemente 2018 será un año de mayor inversión que 2017.

El cambio de los objetivos oficiales de inflación se vivió como un reconocimiento positivo entre los privados y apunta en esta dirección. El salto del dólar para romper con el atraso cambiario beneficia principalmente a los sectores ligados a la exportación. La Agroindustria en su conjunto ha recibido con alegría el baño de realismo por el sinceramiento en las metas de inflación que parecían inalcanzables.

Las medidas tomadas por el actual gobierno han empapado de optimismo a una industria que en los últimos 10 años ha estado sumergida en un mar de incertidumbre y ya empezaba a sufrir nuevamente de un dólar atrasado. Si bien es cierto que con la suba del dólar puede haber un traslado a costos (agroquímicos, combustibles, etc), la ecuación resulta favorable pues mejorara los ingresos en mayor proporción que la variable “costos” y consecuentemente la rentabilidad de varios sectores. Este salto debería acompañarse con una baja en la tasa de interés lo que mejorará las decisiones de inversión del campo y además activará la economía real.

El desafío para reposicionar al sector es muy complejo todavía pero sin duda la competitividad va a venir de la mano de la inversión y de mejorar la productividad. Sólo así lograremos capitalizar esas oportunidades comparativas que tenemos como país. Indudablemente, invertir en el campo argentino dinamizará la economía pues cualquier apuesta al negocio del agro implica un paso hacia adelante; el campo es el motor del desarrollo del país, “una fuerza imparable” tal como aseguró Macri en más de una ocasión.

Hoy la dirigencia busca generar un mayor estímulo para generar los dólares “productivos” requeridos por nuestra economía. La confianza genera inversión, la cual concibe trabajo. Las políticas de largo plazo son indispensables para optimizar el potencial que el Campo en su conjunto tiene de aquí a los próximos años, con todo lo que ello implica para el país.

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El Mundo Oriental y la demanda de alimentos

Hoy nos encontramos cerrando un 2017 lleno de cambios. Nadie puede negar que se ha vuelto algo largo y muchos de nosotros seguramente estemos pensando que es necesario tomarse unas buenas vacaciones con el objetivo de recargar energías para encarar un 2018 que se viene con todo. A nivel mundial, todos sabemos que la población mundial está creciendo día a día, la esperanza de vida al nacer está en aumento en varios países emergentes e incluso la configuración los paradigmas de alimentación está cambiando. En muchas charlas de café, siempre hacemos referencia a que China es el principal referente de esta nueva era e impulsor del cambio. Sin embargo, estas afirmaciones pueden confundir y esta cuestión no es algo que vaya a mantenerse constante de por vida.

Si hacemos un análisis de los números, podemos ver que el gigante de oriente capaz esté necesitando unas vacaciones desde el punto de vista poblacional. El crecimiento demográfico prácticamente se ha paralizado en China y estimaciones indican que aumentaría sólo 0,3% por año en la próxima década. ¿Qué significa ese 0,3%? Básicamente es una cifra que está por debajo del valor promedio de la expansión de la población mundial e incluso, menor al alza demográfica de EEUU. El dato a priori es estremecedor… ¿Podría enfriarse el consumo mundial de alimentos?

Hay dos cuestiones que son clave a la hora de pensar que el enfriamiento sería inviable. En primer lugar, si bien China dejaría de ser en los próximos 10 años el país más poblado del planeta, India aparece como nuevo líder y protagonista en el impulso de la demanda de alimentos. Es importante recordar que China tiene políticas para frenar el crecimiento de la población pero su vecino hindú, no. Por tales motivos, desde el punto de vista de la cantidad demandada, todo pareciera indicar que seguiremos en el tren del crecimiento a nivel mundial.

El otro aspecto a analizar es el cómo está constituida dicha demanda. Centrándonos nuevamente en China, la clave radica en los cambios de estructura de la población desde el punto de vista interno. Lo que puede observarse es la aparición de una nueva clase media a partir del fuerte impacto migratorio desde áreas rurales a áreas urbanas. Esto trae aparejado en primera instancia un aumento de los ingresos per cápita, el cual es el motor de un boom de consumo. Además, esto marca una transformación en la dieta de dimensiones nunca vistas a nivel histórico. Esta nueva clase media presenta una nueva dieta, constituida principalmente por proteína animal, en detrimento del muy conocido arroz y legumbres.

Argentina presenta condiciones agro-ecológicas privilegiadas que lo hacen ser el cluster erealero-oleaginoso más productivo a nivel mundial. A su vez, nuestro potencial para producir proteína animal ya es muy reconocido. Históricamente, el agro argentino es un sector de nuestra economía de excelencia a nivel mundial, demostrando en retiradas ocasiones la capacidad de superación y vocación de vanguardia. El incremento de la población mundial y los cambios en los paradigmas de alimentación causarán un aumento exponencial de la demanda de alimentos y está claro que desde Argentina somos capaces de satisfacerla ya que estamos
en el lugar indicado para producir alimentos.

Está en nosotros poder capitalizar esta oportunidad volviendo a ser líderes en la producción de alimentos, para estar así en la cresta
de ola e impulsar nuestro camino hacia el crecimiento…

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Argentina retoma sus hábitos de consumo

En los últimos años la tendencia con la carne vacuna venia decreciendo, pero después del informe emitido por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), volvieron a colocar al mercado interno como una alternativa atractiva para los ganaderos.

Según el informe, en enero-octubre de 2017 la industria frigorífica vacuna produjo 2,36 millones de toneladas de carne, volumen que resultó 8,6% superior al registrado en los primeros diez meses de 2016. En términos absolutos, se enviaron al mercado 187.515 toneladas más de carne que en enero-octubre del año pasado.

La producción aumentó junto con el destino a exportaciones, pero el mercado interno absorbe actualmente el 90.7% sobre la producción total, en años anteriores la participación del mercado interno era mayor pero hay que tener en cuenta que era en un contexto de menor producción.

El consumo (aparente) de carne vacuna por habitante se ubicó en un promedio de 58,3 kg/año en enero-octubre, lo que marcó una mejora de 6,8% anual. Al considerar el promedio móvil de los últimos doce meses, en octubre el consumo por habitante equivalió a 58,4 kg/hab/año y resultó 6,4% mayor al promedio de octubre de 2016.

Una buena noticia para los ganaderos que encuentran dentro del país un gran consumidor, por más que es un mercado el cual siempre se tuvo en cuenta, las tendencias en el consumo de carne bovina era una llamada de atención. La posibilidad de un cambio en los hábitos de consumo podía llevar a replantear la industria cárnica, teniendo como opción el aumento de las exportaciones, pero después de este informe se ratifica que Argentina sigue siendo un gran comprador.

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