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Argentina retoma sus hábitos de consumo

En los últimos años la tendencia con la carne vacuna venia decreciendo, pero después del informe emitido por la Cámara de la Industria y Comercio de Carnes y Derivados de la República Argentina (CICCRA), volvieron a colocar al mercado interno como una alternativa atractiva para los ganaderos.

Según el informe, en enero-octubre de 2017 la industria frigorífica vacuna produjo 2,36 millones de toneladas de carne, volumen que resultó 8,6% superior al registrado en los primeros diez meses de 2016. En términos absolutos, se enviaron al mercado 187.515 toneladas más de carne que en enero-octubre del año pasado.

La producción aumentó junto con el destino a exportaciones, pero el mercado interno absorbe actualmente el 90.7% sobre la producción total, en años anteriores la participación del mercado interno era mayor pero hay que tener en cuenta que era en un contexto de menor producción.

El consumo (aparente) de carne vacuna por habitante se ubicó en un promedio de 58,3 kg/año en enero-octubre, lo que marcó una mejora de 6,8% anual. Al considerar el promedio móvil de los últimos doce meses, en octubre el consumo por habitante equivalió a 58,4 kg/hab/año y resultó 6,4% mayor al promedio de octubre de 2016.

Una buena noticia para los ganaderos que encuentran dentro del país un gran consumidor, por más que es un mercado el cual siempre se tuvo en cuenta, las tendencias en el consumo de carne bovina era una llamada de atención. La posibilidad de un cambio en los hábitos de consumo podía llevar a replantear la industria cárnica, teniendo como opción el aumento de las exportaciones, pero después de este informe se ratifica que Argentina sigue siendo un gran comprador.

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Agricultura Sustentable: Es Posible

En estos tiempos se suele hablar mucho del término “sustentabilidad”. Es un tema muy frecuente hoy en los medios, en nuestras charlas de café, sobre-mesas e incluso en algunas reuniones con amigos. Sin embargo, suele haber algo de confusión a lo largo de este concepto. Muchas veces asociamos la palabra sustentable con producción de alimentos orgánicos, cuidado del medio ambiente y preservación del entorno. Nuestra idea hoy es abordar algunos aspectos referidos a la Agricultura Sustentable y su proyección de cara al futuro. Ahora bien, para esta cuestión sería importante definir en primera instancia el término sustentable, para evitar confusiones. Cuando hacemos referencia a la sustentabilidad, básicamente hablamos de sistemas en torno a tres cuestiones centrales: Economía, Cuestión Social y Medio Ambiente, preservando los recursos para su posterior utilización por parte de generaciones futuras.

La actividad agropecuaria ha estado en jaque por muchas décadas. A la misma se la ha acusado en varias ocasiones de ser una de las principales responsables de los cambios ambientales que se vienen dando. Entre estos, podemos mencionar la situación de cambio climático a partir de la emisión de gases de efecto invernadero, la degradación de ecosistemas causada por los cambios en el uso de la tierra y la contaminación a partir de efluentes, derivados de agroquímicos y fertilizantes, entre otros. Hace ya algunos años, desde la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura) se viene impulsando una nueva forma de llevar a cabo la actividad agropecuaria. A partir de estos cambios introducidos, comenzó a desarrollarse un sistema de producción sostenible a largo plazo el cual se conoce como Agricultura Sustentable. La misma, básicamente promueve un equilibrio entre productividad, para poder abastecer de alimentos (a precios razonables) a la sociedad, rentabilidad para el reconocimiento económico del  productor agropecuario y el cuidado del medio ambiente.

Muchas veces no nos damos cuenta que detrás de los alimentos que integran nuestra mesa de todos los días está el campo y la producción agropecuaria. Dado que la protección de cultivos es sumamente fundamental para abastecer la creciente demanda de alimentos, para atenuar el impacto ambiental en línea con la Agricultura Sustentable, fueron desarrolladas las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA). Estas últimas aparecen como un cimiento sólido y fundamental para construir la Agricultura Sustentable.

Según la Cámara de Sanidad y Fertilizantes (CASAFE), las Buenas Prácticas Agrícolas son un conjunto de principios, normas y recomendaciones técnicas aplicables a la producción, procesamiento y transporte de alimentos, orientadas a asegurar la protección de la higiene, la salud humana y el medio ambiente, mediante métodos ecológicamente seguros, higiénicamente aceptables y económicamente factibles. La gestión responsable de agroquímicos tiene como objetivo lograr el manejo y uso responsable de los fitosanitarios durante todo su ciclo de vida:

  • Desarrollo
  • Ciclo Comercial
  • Uso a Campo
  • Eliminación
  • Deposición Final de Envases

En todas estas etapas, se apunta a reducir el efecto invernadero, generar una menor cantidad de residuos, minimizar la frecuencia de ocurrencia de accidentes de trabajo y a optimizar el uso de la energía y el agua. Con la puesta en práctica de estas recomendaciones, se disminuirán los efectos indeseados no solo para el operario y el medio ambiente, sino también para nosotros, los consumidores de alimentos.

Históricamente, el agro argentino es un sector de nuestra economía de excelencia a nivel mundial. El mismo, ha demostrado en retiradas ocasiones la capacidad de superación y vocación de vanguardia. Somos conscientes de que la Argentina es el cluster oleaginoso más productivo del mundo, contando con recursos naturales y condiciones agro-ecológicas realmente privilegiadas para la producción de alimentos. Para poder satisfacer la demanda creciente a partir del aumento de la población mundial, es sumamente importante que nosotros seamos responsables a la hora de preservar tales condiciones mencionadas, cuidar la capacidad de nuestros suelos y la calidad de nuestros alimentos.

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El trigo vuelve a jugar en las grandes ligas de la exportación

La campaña agrícola que comenzó hace unos meses ya viene dando buenas noticias, en este caso le toca a la industria del trigo que muestra un fuerte dinamismo y juega en las ligas mayores con respecto a la exportación.

En el 2015 nuestro país se encontraba en el puesto N°27 exportador mundial de harina de trigo, hoy al 2017 ha logrado instalarse en el cuarto puesto y pretende seguir escalando posiciones.

Tenemos una cantidad enorme de productos para ofrecer a las distintas latitudes y queremos mostrar que somos capaces de fabricar lo que el mundo necesita. Tenemos mucha expectativa y ya comprometieron su participación empresas que no sólo fabrican harina, sino también aceite, fideos, pastas, galletas o gluten”, comentó Diego Cifarelli, presidente de la Faim, ansioso por confirmar los 350 compradores internacionales que ya comprometieron su presencia.

Hasta entonces la producción de derivados del trigo se destinaba a la región, países limítrofes. Pero es una muy buena noticia comunicar que se está trabajando para recuperar otros mercados que en el pasado tenían a la Argentina como un referente y que en la última década se perdieron.

La argentina vuelve a ser parte del mercado internacional, desde varios mercados. La meta en el corto plazo es convertirse en el segundo exportador de harina de trigo del mundo, detrás de Turquía, que lidera el rubro.

Con cifras de casi 12 millones de toneladas de trigo y un millón de toneladas de harina de trigo exportadas en 2017, el próximo gran desafío para el sector es sumar valor agregado a sus producciones.

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Valor de recupero: la Industria del cuero

La faena de bovinos está orientada hacia un producto final que es la carne pero del proceso industrial de ésta surgen distintos subproductos, los cuales toman una gran importancia económica y
se los denomina recupero, ya que con estos subproductos se paga el costo de faena. Por lo que en la mayoría de los casos el recupero se lo usa como parte de pago del servicio de faena. Los mismos se pueden dividir en: Alimentos, productos farmacéuticos, industriales generales, productos para la producción agropecuaria, etc.

El cuero es el subproducto más importante de la industria de la carne y puede representar un 7 a 8% en peso del animal. Algunos frigoríficos consideran que el cuero puede llegar a representar hasta el 10% del total del valor del animal en pie. Esto se puede deber, entre otras cosas, a que el complejo industrial del cuero tiene una larga tradición histórica en nuestro país y básicamente está integrado por cinco sectores: La producción ganadera, los frigoríficos, las curtiembres, las manufacturas de cuero y el calzado.

El cuero se caracteriza por tener una oferta inelástica, es decir, que los cambios en su precio no alteran las cantidades producidas. Al ser un subproducto de la carne, su oferta depende de la faena y en el largo plazo del stock de ganado bovino. Es el mercado de la carne es la que determina la oferta de cueros crudos, que se suscita como excedente de la actividad frigorífica.

Generalmente los cueros en bruto son vendidos por los frigoríficos directamente a las curtidoras. En el mercado actual, la Argentina es el 4º productor y exportador de cuero a nivel mundial. La industria del cuero y su cadena de valor son un sector que cada año exporta algo más de 1.000 millones de dólares. Según la Universidad Nacional del Nordeste, del total de las empresas, unas 40 concentran el 98% de las exportaciones, mientras una cantidad similar se ocupa del 2% restante. En general, son las curtiembres medianas y chicas las que abastecen al mercado interno.

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La primavera y sus primeros “brotes verdes”

Desde hace varios meses, se puede vislumbrar un clima inversor más optimista de cara al futuro. Quizás el exitoso “blanqueo” del primer trimestre haya sido la noticia del año, superando las cifras que pronosticaban muchos especialistas. A partir de la Ley del Sinceramiento Fiscal, muchos inversores, tanto locales como extranjeros, están efectuando inversiones en Proyectos de economía real Argentina, sumado a la desaceleración de la inflación, baja de tasas, reducción de riesgo país, compresión de spreads, lo cual impulsa los negocios productivos, por más que “la bolsa” siga todavía muy “dulce” y rompiendo récords con máximos históricos.

Algunos analistas se animan a vislumbrar los tan esperados “brotes verdes”. Pese a que hay que seguir trabajando para mejorar la competitividad como país (este es una tarea que le corresponde tanto al sector privado como al público), la recuperación de la economía con la construcción, la industria automotriz y el agro a la cabeza, hoy es una realidad.

Hay además una sincronía de crecimiento generalizado que se está viendo en el mundo y de cara al futuro es muy importante poder capitalizar como país las ventajas comparativas que tenemos, especialmente en lo que hace a la Agroindustria. Que nuestros vecinos brasileros sigan dejando atrás una recesión muy profunda, es otra inyección de entusiasmo para seguir por el camino del desarrollo y crecimiento.

Por otro lado, la agricultura y la ganadería han vuelto a tener reglas claras, por lo que los precios de los campos están recobrando impulso y se van acortando las diferencias entre el precio sugerido por el vendedor y el que está dispuesto a pagar el comprador. Indudablemente hay más confianza de inversores. La proyección de buenas cosechas y de un incremento en las exportaciones agropecuarias traccionará la demanda de campos, sumado al crecimiento de la población mundial y mayor necesidad de producir alimentos.

Vemos los precios de las materias primas como el petróleo, el oro y el cobre subiendo y la explotación de estos tres productos en el norte y sur argentino están generando una gran reactivación. Un posible aumento del tipo de cambio antes de fin de año mejoraría la situación de las economías regionales, la renta de las exportaciones de uvas, peras, manzanas, aceitunas, ganadería y muchos otros productos. Además, la reducción de las retenciones a la soja, la posibilidad de mala campaña en Brasil anticipa un precio en ascenso, con lo cual ayuda al Banco Central a tener más reservas a futuro.

Actualmente, con reglas de juego claras, mayor previsibilidad, contexto de dólar único, un gobierno que busca potenciar la Agroindustria, etc., se espera mejorar la calificación de riesgo debido a la necesidad de recurrir al endeudamiento externo para poder así captar dinero más barato y obtener un flujo de inversión más importante. Es un camino largo pero necesario de encarar cuanto antes, porque mejorar dicha calificación permitirá construir una economía más sólida, previsible, y un crecimiento sostenido que permitiría reducir las desigualdades sociales.

Así, resulta fundamental un Estado que fomente la inversión y las políticas que incrementen la productividad. La competitividad va a venir de la mano de la inversión, de mejorar la productividad y de la excelencia operativa. Más allá de todos los problemas que tiene Argentina y que va a costar un rato largo resolverlos, este es el principal desafío que tenemos para seguir construyendo la Argentina que queremos.

Octubre 2017, estamos en plena primavera y ya están floreciendo los primeros “brotes verdes”.

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